Asfódelo 8 (o secuencia testigo)


Velocidad firme, a paso retumbante de cicatriz. Alguien proclama propiedad por negros altavoces, advierte la zona cero de la conciencia y acecha presente, insoportable.
Cobarde oculto, silueta. Beso derretido del maloliente callejón. Te tragaste mis lugares con cáustica saliva.
Hoy transito paisaje tu espectáculo, dientes de lápida. Vas a pagar por mis cristales y por las palabras robadas al idioma último.
Recortaste mi mundo a la realidad y mi lenguaje al Verdadero Saber (reverencia, reberencia, reberensia, larsonia inmunda). Tarima por cuanta marioneta adiestrás, mascota del mes, fascinar es más fácil que satisfacer, y sobre todo más barato.
Estar vivo en medio de esta pastafrola de cuerpos es toda una sentencia, y ahora los hirientes vociferadores recitan su decálogo hipoalergénicosanamales, pero nadie, nadie está a salvo.
Y veo una pequeña plaza en el centro, arrasada hasta el desgarro. Y allí bailás frenético un roto atracón suicida.

Tu muerte me recuerda a los renacuajos.

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