Estafandra

La propiedad intelectual es una estafandra.
Te pedí palabras, un par de veces, cuando quería reflejar una idea y recordar cosas que ya había escrito, ordenado, y volvieron involuntariamente a reordenarse, a recordarme que no había aprendido nada, que solo me había perdido del instante.
Es que te pedí palabras sin entender que no eran tuyas.
(Tengo puesto un casco para respirar en lo profundo de la mentira, una estafandra)
Ahora veo que las ideas son inapropiables, como la tierra: Todo lo que se acostumbra a no revalidar día a día su lugar desaparece, es cuestión de tiempo, y la propiedad es un acuerdo de mutua vagancia para negar esa necesidad de renovar, de trabajar, de transformar un espacio.
La casa es propiedad del que aparece en la escritura, pero es territorio del que la habita.
La idea es propiedad del que tiene el copyright, pero es territorio del que la ejerce, del que ofrece sus órganos a un espíritu que no nació en él, y tampoco en el dueño del copyright.
Te devuelvo tus palabras que no son tuyas, ejerciéndolas me saco la estafandra.
(Las presiones del fondo del mar no se hacen esperar)

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