Carta abierta al Indio Solari


Qué olvidado quedaste entre las luces reflejadas en los charcos.

Esos charcos de orín afrodisíaco y dopado de los recitales, en el barro del césped roto de las canchas.

Estadios enteros, metiste ciudades ahí. Cómo duele la espalda de las ciudades.

No te preocupes, en poco tiempo el analgésico más efectivo te va a desinflar la vida, vas a bailar como un globo sin nudo, como bailaba la baba en las tetas de esa bailarina pizpireta.

Perdón, perdón.

Si me río es porque esta mueca es lo último que vas a ver y seguís confiando en la eternidad de tus genitales.

Estás perdido. Y estás solo.

No te queda ni el seisluces de panrayado, al que con gusto le darías una lamida.

Le harías al diablo un pete que no te va a ofrecer.

Que digo, si te dejarías culear por dios, invadir por los querubines, siempre fiel a tu estilo cosmopolita y ambiguo.

Esto no te va a gustar y por eso lo digo:


Sos, de los que pactaron, el más predecible.

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