Cauterizado
La conciencia individual es una construcción social.
Parece ser que los parias, pero los parias parias, criados por animales, no desarrollan una experiencia consciente. Rearticulan su espina dorsal, pero no se reconocen en el espejo. Desarrollan caninos excepcionales, pero no tienen diálogo interno. Y así como no se nace con caninos formidables, ni caminando en dos o cuatro patas, al parecer tampoco se nace con conciencia.
Uno (el Ser de uno) se adapta, se defiende, sobrevive y la conciencia es una defensa más, una defensa contra el Lenguaje. Al Ser le gusta estar crudo y el Lenguaje cocina lo que toca. La conciencia es la costra dura en la carne arrebatada del Ser al fuego del Lenguaje.
El borde del Ser es alérgico al Lenguaje y casi por reflejo genera esta cáscara consciente al contacto, una suerte de escudo que devuelve al Lenguaje un eco latoso y vocálico, una suerte de espejo que le devuelve al Ser una imagen procesada.
Sobrevivir, en algún punto de la historia, se volvió definir, devolver el eco adecuado, y el precio de sobrevivir es formarse en base a un reflejo, arrastrar la piedra de la reflexión.
El precio de sobrevivir no es saber cómo y a qué, sino cuándo y por qué se sobrevivió. Es habilitar un pasado, hacer operar al tiempo, realidar la causalidad, medir las consecuencias, no poder desmentir la idea de futuro y apegarse a la idea de uno mismo.
La idea de uno mismo que uno (la conciencia de uno) aprende a expresar solo con las palabras del afuera.
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