Flagelo

Cae la noche por todo el jardín del hambre, revoluciona en mí la bestia enferma. Succión de vacío físico se convierte en circunstancia por minutos… horas… adrede experimento con la sensación que se creía incontrolable y ahora prolongo a voluntad y asco.
Puedo pensar en espinas y alacranes, escribir felicidad y color, y de esta forma dormir la bestia a patadas... no sin las ácidas arcadas que en su multiplicidad encuentran la delicia extraña.
Solía temerle a mi cuerpo, a mi piel por ser breve límite de tripas asquerosas y necesidades absurdas…

            y sólo hasta que el néctar perverso de la sangre rompió en las bocas, dispares, aleatorias, dispersas bocas en mi cabeza, en mi codo derecho, bocas en mi pene preñadas de la furia, la sed y un nuevo rugido de la bestia…

                            sólo entonces la penetración fue mutua y tomó la ansiada forma, miles de dientes casi afilados repartiéndose frenéticos la carne latente del orgasmo.

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